Administración y TIC

jueves, diciembre 11, 2008

Fiscalizar los gastos de los gobiernos

Dice Arcadi en este gran artículo que también hay que fiscalizar a los políticos.
¿Qué tal una campaña para ellos como la de "Compra con Criterio"?

Desde hace unos días este periódico parece empeñado en el noble propósito de fiscalizar los gastos del gobierno de la Generalitat de Cataluña. La crisis económica resulta ser un contexto excelente. Fiscalizar es exponer para su juicio la conducta de alguien y no hay duda de que la conducta del gobierno catalán se presta al ejercicio. Un vicepresidente se gasta cerca de siete mil euros en un día, para gestionar en Madrid la rehabilitación de Lluís Companys. Por una campaña explicativa de lo que fue el reinado de Felipe V se pagan más de 125.00 euros. En ochocientos y pico mil se cifra la presencia catalana en una feria de Méjico. Y fuera del gobierno, pero no de la Generalitat, está el caso del presidente Benach: 60 viajes en cuatro años. Hace muy bien el periódico. Pero es imprescindible que amplíe sus horizontes e incluya el resto de gobiernos autonómicos en la fiscalización. Siguiendo por Madrid, que por algo es capital, y la reciente y accidentada presencia de su gobierno en la India remota.

Porque detrás de esta fiscalización (si es global, rigurosa y se atiene al sagrado principio de que comparar es conocer) hay cualquier cosa menos una anécdota que se utilice con fines demagógicos. Ésa es, desde luego, la respuesta puramente defensiva que dan los gobernantes regionales; pero está perfectamente amortizada. Por el contrario el rastreo, sumado y debatido, arrojará, a mi juicio hipotético, una conclusión inquietante: una parte enorme, desproporcionada del gasto público español está destinada al Ser. Es sorprendente, porque en los países normales el gasto público se destina al Hacer (incluso al Hacer corrupto, concédase). Pero ésa es la gran peculiaridad de la España autonómica. Y la gran corrupción. La construcción de la identidad catalana, vasca, andaluza, gallega suele pensarse casi siempre en términos líricos. Se denuncian sus excesos y sus ridiculeces; pero no suele irse más allá del comentario de texto. Y es urgente que ese insistente programa político y moral se analice en términos económicos. Bastará un extremo ejemplo. Hace meses la Junta de Extremadura se sintió molesta por las palabras de un político catalán, que en protesta irónica por los problemas de financiación proponía destinar una suerte de 0′7 a los niños extremeños. La Junta, en su respuesta, no optó por una ironía superior ni tampoco por los tribunales. ¡Quia! Optó por cinco millones de euros: el precio de la campaña “Somos Extremadura”, que presentaba retratos a color de los nacidos en la región, sin fórceps ni 0,7. Una banal ironía identitaria les costó a los extremeños cinco millones de euros.

El gasto público español tiene una sobrecarga intolerable de los llamados “gastos de representación”: término exacto si incluye la farsa de la identidad.

(Coda: «Repito: la nación debe ser realizada, visualizada, producida, re-presentada.» Alfonso Galindo, Cincuenta mitos)


Enlaces:
Blog de Arcadi Espada

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publicado por Xoan at 11:29 p. m.

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